Actualidad Opinión

El Hoa Hakananai’a, la Junín y los museos británicos

El Moai del Museo Británico

Los museos del Reino Unido albergan una multiplicidad de piezas muy históricas, la gran mayoría de procedencia británica, pero también hay otras rescatas o sustraídas, según el caso y la opinión de quien opine, desde todos los rincones del mundo.

Desde una muñeca con la que alguna vez habría jugado una niñita del Egipto de los faraones, hasta un extinto ave Dodo disecado, que fue traído desde la isla de Mauricio, donde vivía hasta hace unos pocos siglos.

Muchas de esas piezas se exhiben en el Museo Británico, de Londres, que recibe anualmente alrededor de seis millones de visitantes.

Una de las piezas es el moai Hoa Hakananai’a, llevado, junto con otro más pequeño, en 1868, desde Rapa Nui, vía Valparaíso, a Portsmouth, en el sur de Inglaterra, a bordo del buque naval HMS Topaze.

Ese moai es bastante grande, hecho de basalto y posee características especiales.  Puesto que pesa unas cuatro toneladas, arrastrarlo a la playa y, luego, embarcarlo no pudo haber sido muy fácil y habría contado con la participación, y quizás la aprobación, de algunos de los isleños.

Pero algunos grupos de isleños contemporáneos ahora lo quieren de vuelta, y se han demostrado su apoyo, primeramente, agrupaciones rapanui y, luego, el gobierno de Chile.

Quizás dichas agrupaciones tienen el derecho de pedir su devolución.  Sin embargo, el Hoa Hakananai’a nunca estuvo en Chile y nunca fue de propiedad de chilenos.

Rapa Nui se incorporó al territorio nacional el 9 de septiembre de 1888.  Por lo tanto, la ida del moai, veinte años antes, hacia Inglaterra, no pudo infringir ley chilena alguna, ni la de otro país.

El curioso caso de «la Junín»

Haciendo un paralelo histórico con otra historia de tintes similares, a principios de 1929, la industria salitrera seguía en auge.

La producción récor, de todos los tiempos, se alcanzó en 1928, alcanzando una cifra de 3.280 millones de toneladas, bajando un poco hacía fines del año siguiente, por el inicio de la recesión mundial, originada en la Wall Street neoyorquina.

La Compañía de Salitres y Ferrocarril de Junín, que operaba servicios de transporte entre la caleta de este nombre y una serie de oficinas salitreras al interior del norte de la actual Región de Antofagasta, tenía una demanda de enorme de sus servicios de transporte, de salitre hacía caleta e insumos en el sentido opuesto.

Sin embargo, enfrentaba costos correspondientemente enormes para atenderla, más que nada por la lejanía de las fuentes de combustibles (carbón o petróleo) y agua de los que necesitaban sus locomotoras a vapor.

Por esto, encargó a la Hudswell, Clarke & Co. Ltd., de Leeds, Inglaterra, una locomotora a diésel, de transmisión hidráulica, que era tecnológicamente muy adelantada en esa época.

La máquina fue desembarcada en Iquique en mayo de 1930, seguramente transportándose desde allí al Ferrocarril de Junín a bordo de un carro plano perteneciente a la Nitrate Railways Co. Ltd., que competía fuertemente con el Ferrocarril de Junín en el mercado de transporte de una serie de oficinas.

Esa locomotora fue nombrada la “Junín” e hizo varias vueltas exitosas por el Ferrocarril, pero apenas había comenzado a prestar servicios comerciales se paralizaron las oficinas atendidas.  La Compañía se liquidó en 1934 y, muy probablemente, la “Junín” fuera rematada por orden de algún síndico.

A pesar de sus características tecnológicas que la hacía muy indicada para operar en la desértica y aislada pampa nortina, no habría sido fácil encontrar un comprador, tanto por la crisis de la industria salitrera, como por el ancho de los ejes de la máquina, el que la restringió a operar sobre vías férreas de una trocha de 2´6” entre los rieles.

Fue adquirida para operar en el ferrocarril interno de la oficina de Rica Aventura, que tuvo una vida operacional muy larga, extendiéndose desde antes de la Guerra del Pacífico hasta el tardío año de 1956.

Locomotora Junin Museo LeedsUna vez cerrada esta oficina, la “Junín” fue simplemente dejada donde se encontraba, en la pampa.  Luego, un señor Isidoro Andía compró lo que quedaba de la oficina y empezó a desarmar todas las piezas metálicas encontradas adentro, incluida la “Junín”, para venderlos como chatarra.

La Asociación Chilena de Conservación del Patrimonio (ACCPF) estableció una comunicación con el señor Andía, ofreciéndole la posibilidad de vender la locomotora como pieza histórica, pero pidió un precio inalcanzable.

Por lo tanto, se solicitó que se declarara Monumento Histórico, lo que se logró mediante el decreto 489 del 29 de septiembre de 1989.

A pesar de esto, el año siguiente, fue vendida por Andía, llevada por camión al puerto de Antofagasta, embarcada a un buque de la Pacific Steam Navigation Company (que había establecido, a la mitad del siglo 19, William Wheelwright) y, luego de otro tramo camionero, transportada al Museo Industrial de Leeds.

Puesto que el Museo se ubica en una isla, el ejército británico construyó un puente mecano transitorio para la “última milla”.

Su venta a Andía fue ilegal, puesto que la Ley de Monumentos exige que primero hay que ofrecer un Monumento en venta al Estado, y no hay evidencia de que esto ocurriera.  Su traslado por camión a Antofagasta fue ilegal, por no contar con la aprobación del Consejo de Monumentos.  Y su exportación a Inglaterra fue ilegal de todas maneras.

La ACCPF pidió la intervención de hasta el Presidente de la República, además de al Consejo de Monumentos, a la Embajada de Gran Bretaña en Chile, a la Cámara de Comercio Anglo-Chilena y a otros, para conseguir la devolución de la “Junín”, pero todos los intentos resultaron infructuosos, sin contar un ofrecimiento de la Marina de transportarla de vuelta a Chile desde el puerto británico.  Pero no se encontró una manera de hacerla llegar a un puerto británico.

O sea, la fuga a Inglaterra de la “Junín” infringió tres artículos de la Ley de Monumentos Nacionales chilena, mientras la fuga del moai Hoa Hakananai’a no infringió ley chilena alguna.  Por ello, se propone que el gobierno, sin desatender el deseo de algunos isleños de que Hoa Hakananai’a regrese a Rapa Nui, también insista en la devolución a Chile de la “Junín”.

Comentarios