Los recientes incendios que afectan a la zona centro-sur de Chile han dejado un saldo devastador: al menos 19 personas fallecidas, más de 7.079 damnificados y cerca de 600 viviendas destruidas, mientras que 38.110 hectáreas de bosque y terreno han sido arrasadas por las llamas. La región de Biobío y Ñuble se mantienen bajo alerta roja y estado de excepción constitucional de catástrofe, con temperaturas que superan los 30°C, dificultando el control de los focos activos.
En medio de esta emergencia, la atención se concentra naturalmente en los rescates, la protección de las personas y la reconstrucción de viviendas. Pero más allá de los daños materiales y evidentes, el fuego deja también un impacto profundo y muchas veces silencioso en la salud mental de quienes lo viven de cerca. Duelo complejo, culpa, miedo, ansiedad e incertidumbre sobre el futuro son experiencias comunes tras la tragedia, aunque pocas veces visibles.
El peso invisible de la tragedia
Quienes atraviesan incendios de gran magnitud, con pérdidas materiales, humanas y de mascotas, enfrentan una carga emocional intensa que no siempre se manifiesta de forma evidente. Desplazamientos forzados o la amenaza constante al propio hogar hacen que el miedo y la ansiedad persista. La tristeza por lo perdido, la culpa por haber logrado sobrevivir o la impotencia frente a una destrucción que parece incontrolable son reacciones frecuentes en este tipo de catástrofes. Sentir que todo es demasiado y que no existe control sobre lo que ocurre no es una señal de debilidad ni de pérdida de estabilidad emocional, sino una respuesta humana y esperable: el cuerpo y la mente intentan adaptarse, procesando una amenaza directa, prolongada y masiva.
“Es normal sentirse abrumado, experimentar hiperalerta, ansiedad o una irritabilidad inusual frente a este tipo de tragedias. Estas emociones no son signos de debilidad ni de pérdida de control; son respuestas naturales del cuerpo y la mente ante una amenaza extrema. Nuestro organismo está reaccionando para protegernos, procesar la situación y mantenernos alerta frente al peligro, especialmente cuando se han vivido pérdidas significativas, ya sean materiales, humanas o el daño ante la pérdida de animales y mascotas. Reconocerlas y aceptarlas, en lugar de juzgarlas o ignorarlas, es un primer paso fundamental para poder seguir adelante”. explica Susana Romero, psicóloga de Grupo Cetep.
En contextos de emergencia y desastre, el aislamiento emocional suele intensificar el malestar y dificultar su elaboración. Por eso, aunque estos sentimientos pueden ser intensos y difíciles de manejar, no es necesario ni debemos enfrentarlos en soledad. “Compartir lo que sentimos con alguien de confianza, buscar contención en familiares, amigos o profesionales de la salud mental, y cuidar las rutinas básicas, y el bienestar físico, ayuda a disminuir la carga emocional y a recuperar, poco a poco, una sensación de control en medio de toda la incertidumbre que genera esta situación”, señala la psicóloga.
La Dra. Macarena Gálvez, directora y psiquiatra de Grupo Cetep y socia de Corporación Atrapasueños, menciona que la recuperación emocional tras una catástrofe es un proceso gradual. “No existe un ‘tiempo correcto’ para superar la angustia o el miedo. Cada persona procesa las pérdidas y la incertidumbre a su propio ritmo. Lo importante es validar lo que sentimos, permitirnos descansar y pedir ayuda cuando la angustia se vuelve paralizante o comienza a interferir con la vida cotidiana. Con apoyo y contención, es posible reconstruir poco a poco la resiliencia y encontrar formas de seguir adelante, incluso después de haber atravesado situaciones muy difíciles”.
En ese contexto, la especialista agrega que Grupo Cetep, en conjunto con la Corporación Atrapasueños, lanzó una campaña especial de apoyo en salud mental dirigida a personas afectadas por los incendios en las regiones del Biobío y Ñuble, así como también a personal de rescate y voluntarios que se encuentran trabajando en esta emergencia, con el objetivo de ofrecer contención y orientación psicológica gratuita durante estos momentos.
“Esta campaña busca ofrecer un espacio seguro de profesional en un momento de alta carga emocional, donde muchas personas sienten que deben seguir adelante sin detenerse a mirar cómo están. Pedir ayuda a tiempo puede marcar una diferencia importante en la forma en que se procesa la experiencia y se previenen consecuencias más profundas a largo plazo”, señala.
Para acceder a apoyo profesional, las personas interesadas deben ingresar al siguiente enlace y completar el formulario, para que los especialistas puedan contactarse con ellos lo más pronto posible.
Cómo cuidar la salud mental mientras continúa la emergencia
En situaciones de desastre, la recuperación emocional no ocurre sola ni de manera inmediata. Pero existen algunos pasos que pueden ayudan a manejar la carga emocional que se siente durante este momento:
- Aceptar lo que se siente: la ansiedad, el miedo y la tristeza son reacciones esperables. Hablar de ellas y no minimizar lo que se vive ayuda a procesarlas.
“Cuando las emociones se reprimen o se invalidan, suelen intensificarse y aparecer de otras formas, como irritabilidad persistente, problemas para dormir o sensación de agotamiento constante. Poner en palabras lo que se está viviendo, ya sea conversándolo con alguien de confianza o a través de la escritura, permite aliviar la carga emocional y darle sentido a la experiencia. Ignorar o minimizar lo que sentimos no lo hace desaparecer, solo posterga su impacto”. explica la Dra. Gálvez.
- No atravesarlo en soledad: compartir experiencias y emociones con familiares, amigos o vecinos ayuda a reducir la sensación de aislamiento y fortalece la resiliencia.
“En situaciones de emergencia, el apoyo cotidiano, como coordinarse con vecinos, compartir información confiable o simplemente mantenerse en contacto, cumple un rol clave en la sensación de seguridad. Estos vínculos permiten ordenar la experiencia, disminuir la sobrecarga emocional y recuperar, paso a paso, la sensación de estar acompañado en medio de la crisis”, aconseja la psicóloga Susana Romero.
- Regular la exposición a información intensa: Limitar el consumo constante de noticias e imágenes de los incendios para no aumentar la sobrecarga emocional.
“La sobreexposición a noticias, imágenes de destrucción o relatos traumáticos puede generar re-traumatización, aumentando la ansiedad y el miedo. Es recomendable limitar la consulta de información a fuentes oficiales y establecer momentos específicos del día para informarse, evitando la exposición constante que sobrecarga el sistema emocional”, comenta Gálvez.
- Mantener rutinas básicas y cuidado físico: comer, hidratarse y descansar, dentro de lo posible, ayuda a sostener el funcionamiento diario en contextos de alta exigencia emocional. “Cuando el cuerpo está exhausto o desregulado, el estrés se intensifica y la capacidad de afrontamiento disminuye. Pequeñas acciones, como respetar horarios de alimentación, tomar agua o priorizar el descanso cuando se puede, favorecen la regulación emocional y permiten enfrentar la emergencia con mayor claridad y estabilidad”, señala Romero.
- Pedir ayuda profesional cuando sea necesario: Si la angustia interfiere con la vida cotidiana, los servicios de salud mental están disponibles para ofrecer contención y apoyo. “Si la angustia se vuelve muy intensa y te impide funcionar bien, es importante buscar apoyo profesional. Los psicólogos y servicios de salud mental están preparados para ofrecer contención, acompañamiento y estrategias prácticas para manejar la ansiedad, el miedo y la tristeza. Buscar ayuda no es un signo de debilidad, sino un paso hacia la recuperación”, finaliza la psicóloga de Grupo Cetep.
Las consecuencias de los incendios no se miden solo en hectáreas quemadas o viviendas destruidas. El impacto emocional persiste mucho más allá de la emergencia y requiere tiempo, apoyo y comprensión. Validar lo que se siente y buscar contención cuando es necesario es parte del camino para volver a sentirse a salvo y reconstruir, paso a paso, la vida después de la catástrofe.









