Opinión

UNA EDUCACIÓN SIN ELECCIÓN

Hablar de educación hoy en día se torna un tanto complejo desde los significados que le atribuye cada sujeto, así como también en sus fines relacionados con la formación y adquisición de herramientas en la vida. Para algunos, la educación es un proceso que deja a las familias sin la posibilidad de elegir el contexto en el cual pretenden o quieren que se desarrollen sus hijos, adosándose a una ley que pretende ser justa, pero que quizás deja de lado aquella libertad.

Los problemas que hoy nos plantea la educación y las políticas públicas, más que preocuparse de un proceso de elevación cultural, suscitan la segmentación y acrecientan aún más la brecha social en términos de calidad y equidad. Lo anterior hace referencia a la forma en que se centra esta etapa y, principalmente, la figura antagónica de la escuela al interior de un sistema social cada día más descontento.

¿Realmente las familias se han quedado sin la posibilidad de elección en términos de la educación que pretenden para sus hijos? Esta interrogante es difícil de dilucidar, pero evidentemente existe un descontento. Sumado a ello, la palabra inclusión nos lleva a una segregación y discriminación al momento en que estos grupos buscan formar a sus descendientes.

El hecho social que hoy se vislumbra dentro de los contextos educativos, se observa como un corta fuego que pretende delimitar, de una u otra forma, la segmentación atribuida por la acción de los sujetos, en este caso familias afectadas por los cambios antojadizos que ni siquiera consideran involucrar el núcleo central que tiene un estudiante.

De esta forma, podemos aseverar que esta nueva Ley de Inclusión favorece en términos sociales la transformación de una nueva comunidad educativa, donde el elemento principal de la educación se observa como uno activo y propulsor.

Desde allí es posible sostener que vivimos el comienzo y asentamiento de un espíritu de injusticia social prolongando en la interacción que los sistemas educativos deberían establecer, a raíz de las aspiraciones más profundas y válidas para la formación de cada uno de los estudiantes, lo que sin duda está adscrito a las pretensiones de cada una de las familias que hoy se quedan sin la posibilidad de elegir.

La estratificación que en algún momento solo se evidenciaba en contextos sociales, actualmente se ve directamente relacionada con los entornos educativos, mimetizándose dentro de lo que la sociedad rige según su modelo. Sin embargo, aún tenemos la posibilidad de movilizarnos y elegir el estrato al cual queremos pertenecer.

Este ejemplo se produce también en la educación al sectorizar por municipal, subvencionada y pagada, lo cual en términos de formación y de proceso de enseñanza-aprendizaje, no debería direccionar al sistema educativo. Al contrario del planteamiento anterior, hay una atadura de manos hacia las familias que quedan sin la posibilidad de elegir y obtener cierta movilidad y libertad dentro de la sociedad en torno a políticas públicas asociadas al contexto educativo y los impactos de éste.

Por

Rolando Molina Martínez

Dr. En Ciencias de la Educación

Universidad Pedro de Valdivia

 

 

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