Con el inicio de la temporada invernal, las bebidas calientes comienzan a ganar protagonismo en la rutina de los chilenos, impulsadas por la búsqueda de momentos de confort, pausa y bienestar en medio de jornadas cada vez más exigentes.
En este escenario, el té se posiciona como una de las alternativas más valoradas, combinando tradición y nuevas formas de consumo. Su versatilidad le permite estar presente durante distintos momentos del día, desde pausas laborales hasta instancias de encuentro, lectura o experiencias gastronómicas.
A su vez, la categoría va evolucionado junto a consumidores, que muestran un creciente interés por el origen del té, sus procesos de elaboración y sus perfiles sensoriales. Este cambio ha ampliado la percepción de la bebida, consolidándola como una experiencia más sofisticada, ligada al disfrute consciente.
“Durante el invierno observamos que muchas personas vuelven a valorar el acto de prepararse una taza de té como un momento personal. No se trata solo de una bebida caliente, sino de una pausa que permite reconectarse con el propio ritmo”, explica Cristián Pastene, Tea Trainer y representante de Dilmah en LATAM.
La gastronomía también ha sido clave en esta revalorización, incorporando el té en la mixología, ampliando sus ocasiones de consumo y reforzando su presencia en el día a día.
“El té reúne tradición, salud y disfrute en una sola taza, algo especialmente relevante durante los meses más fríos del año”, agrega Pastene.
De cara al invierno, el té reafirma así su vigencia como un hábito cotidiano, posicionándose no solo como una bebida, sino como un ritual que acompaña el bienestar y las nuevas formas de consumo en la vida contemporánea.










