Por Daniela Fredes Meneses, terapeuta integral y especialista en bienestar emocional
La evolución del empoderamiento femenino en nuestra sociedad ha dejado huellas. Según referencias históricas, en la antigüedad las mujeres tenían un estatus social y legal inferior.
Posteriormente, en la Edad Media estaban subordinadas al hombre en el contexto feudal, con roles de esposa y madre, sin tener cabida en la esfera pública.
Pero con la Edad Moderna, comenzaron los primeros susurros sobre igualdad de género, que fueron avanzando y cobrando fuerza hasta alcanzar al derecho a voto en el siglo XX.
Hoy, la mujer contemporánea busca cada vez más espacios de visibilidad en todos los ámbitos, aunque sigue siendo un camino esforzado.
Distintas mujeres a lo largo de los años han tenido que romper estándares y estructuras impuestas, para que podamos disfrutar los derechos que hoy tenemos.
Yin y Yang
Esta evolución del papel de la mujer a lo largo del devenir de la historia ha implicado constantes luchas, e incluso, competir con los hombres.
Sin embargo, como terapeuta de medicina tradicional china, quisiera destacar que el universo está formado y se equilibra por dos fuerzas opuestas, pero a la vez complementarias. El Yin y el Yang.
Podríamos decir entonces, a modo de ejemplo, que Yin es la energía femenina; y Yang, la masculina.
Pese a ello, a lo largo de los años las mujeres hemos tenido que “potenciar” nuestro lado masculino, dejando de lado mucha de nuestra esencia femenina, para demostrar nuestras capacidades, ventajas, virtudes, habilidades y competencias.
Todo para buscar más igualdad de derechos y oportunidades, en un mundo siempre liderado por hombres.
Nuestras antecesoras pagaron los costos del protagonismo actual, y esa memoria colectiva la hemos llevado hasta nuestros días.
Esto significa, por ejemplo, cargar con “culpas colectivas” por el hecho de ser mujeres; por salir a trabajar y dejar a los hijos; por ocupar lugares que podrían ser de hombres; y hasta por tener un mejor cargo o salario que los hombres.
Sin embargo, el empoderamiento femenino no significa igualarnos al género masculino en todos los aspectos. Implica tener los mismos derechos y oportunidades de ocupar los mismos espacios, lo que no significa que somos iguales.
Hombres y mujeres tenemos nuestras particularidades y podemos caminar juntos, si logramos reconocer y aceptar nuestras semejanzas y diferencias.
El empoderamiento femenino consiste en conocer nuestras principales cualidades y espacios de mejora. Una mujer empoderada vive movida por su esencia, y va creando sus propias reglas. No las del sistema social o cultural.
Necesitamos entender, entonces, que no tenemos la obligación de competir, sino de convivir. Para esto, recomiendo ciertos puntos importantes a considerar:
- Trabaja la autoestima
- Deja fluir tu intuición
- Realiza prácticas que te conecten con el aquí y ahora
- Ten encuentros grupales
- Cuida tu alimentación y cuerpo
- Vivencia tus emociones
- Practica la aceptación.
Además, es muy importante tener en cuenta que siempre hacemos lo mejor que podemos. Si no ha sido así, es porque no hemos podido, sea por razones conscientes o inconscientes.
Así que tratémonos siempre con mucho cariño y comprensión. Ese es el primer paso del empoderamiento.










