El nuevo vínculo entre conservación y
negocio
Fluvian, marca chilena nacida en Yungay, administra una reserva privada de cerca de
30 hectáreas de bosque nativo en torno a la vertiente que da origen a su agua. Su
modelo plantea una relación directa entre conservación y continuidad del negocio:
proteger el ecosistema no es una acción paralela, sino una condición para resguardar
el recurso natural del que depende su operación.
En momentos en que las empresas incorporan cada vez más criterios ambientales a sus
estrategias, comienza a tomar fuerza una mirada diferente sobre la sustentabilidad: no
como un compromiso paralelo al negocio, sino como una relación de dependencia
real con un territorio específico, con sus especies, sus suelos y equilibrio propio.
Ese es el principio que está detrás de Fluvian, emprendimiento chileno nacido en Yungay,
Región de Ñuble, que desarrolla agua de vertiente con identidad territorial y trazabilidad. La
compañía administra aproximadamente 30 hectáreas de bosque nativo, donde habitan
especies como el pudú, el monito del monte, el puma y el cóndor andino.
En este caso, la conservación tiene una relación directa con el producto. El agua proviene
de un territorio donde convergen el bosque esclerófilo del norte y la selva valdiviana del sur.
Las lluvias y deshielos realizan un recorrido subterráneo a través de suelos volcánicos,
raíces y bosques nativos antes de emerger en la vertiente.
“Durante mucho tiempo se entendió la sustentabilidad como algo adicional al
negocio: una iniciativa ambiental, una compensación o un programa de
responsabilidad social. Nosotros la entendemos al revés. Si no protegemos el bosque
y el ecosistema donde nace nuestra agua, ponemos en riesgo el recurso que hace
posible la empresa. Conservación y negocio, en nuestro caso, son inseparables”,
explica Mónica Lira, gerente general de Fluvian.
Esta mirada también plantea una discusión sobre el valor económico de los ecosistemas.
Bosques, suelos y vegetación cumplen funciones que muchas veces permanecen invisibles
en los modelos tradicionales de negocio, pero que resultan fundamentales para conservar
las condiciones naturales del territorio.
Para Fluvian, esto implica que el crecimiento debe ir acompañado de la protección del lugar
de origen. De hecho, pese a contar con una capacidad instalada superior, actualmente la
compañía produce cerca de 7.500 litros, tras optar por avanzar gradualmente y priorizar la
construcción de una marca vinculada al territorio antes que acelerar sus volúmenes de
producción.
“La pregunta ya no debería ser solamente cuánto cuesta conservar un bosque, sino
cuánto podría costar perderlo. Cuando una empresa depende directamente de un
ecosistema, protegerlo también significa proteger su capacidad de operar en el
futuro. Nuestro desafío es demostrar que es posible generar valor económico desde
una región y, al mismo tiempo, entender que ese crecimiento tiene un límite y una
responsabilidad: cuidar el lugar que lo hace posible”, agrega Lira.
La experiencia abre una conversación que va más allá del agua. Frente a consumidores que
demandan mayor trazabilidad, transparencia y compromiso ambiental, la conservación
comienza a dejar de ser únicamente un atributo reputacional para convertirse, en
determinados sectores, en una variable vinculada a la continuidad y sostenibilidad del
propio negocio.










